Instituto de Formación Gerencia y LIderazgo Americano
En ocasiones, los cambios más profundos no llegan con grandes gestos ni con discursos elaborados, sino con pequeños actos que, sin proponérselo, logran abrir puertas que parecían cerradas. Esa es la esencia del cortometraje Las pequeñas cosas, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=pwWLAC539dw, y también el eje de una reflexión sobre cómo la comunicación y la empatía pueden transformar una relación, incluso entre personas que parten desde polos opuestos.
La historia reúne a Jean Reno, un hombre reservado, pragmático y metódico, con Laia, su guía local, cuya calidez y estilo comunicativo se apoyan en la empatía y la flexibilidad. Al principio, sus interacciones están marcadas por la distancia: él, centrado en sus objetivos y tiempos; ella, interesada en crear un ambiente cordial y cercano. Sin embargo, escena tras escena, el vínculo evoluciona hacia un terreno más abierto y colaborativo.
Este análisis surge de una reflexión personal desarrollada en el marco de la Maestría en Negociación y Mediación, en la asignatura Modelos de Negociación y Mediación, bajo la guía de la doctora Daniela Patricia Almirón, en el Instituto de Mediación de México. El objetivo es examinar cómo se despliega, en esta breve historia, el modelo asociativo, el cual fomenta la cooperación y el fortalecimiento del vínculo interpersonal.
El modelo asociativo sostiene que las relaciones se fortalecen cuando las partes reconocen la diversidad de perspectivas, respetan la autonomía del otro y activan recursos mutuos para generar acuerdos sostenibles. A diferencia de los enfoques centrados en convencer o confrontar, prioriza la cooperación sin imposición, entendiendo que el vínculo es tan importante como el resultado del diálogo.
Vinyamata (2015) describe tres pilares esenciales de este tipo de comunicación: la escucha activa y la validación emocional, las propuestas no impositivas y la construcción de experiencias compartidas. Las pequeñas cosas ofrece un ejemplo claro de cómo estos elementos pueden aparecer de forma espontánea, sin necesidad de una mediación formal.
La película se estructura en tres escenas clave: La primera escena; la historia abre con una tensión latente: Jean Reno recibe la noticia de que deberá prolongar su estancia, algo que no estaba en sus planes. Laia, en lugar de insistir o minimizar su incomodidad, propone alternativas para aprovechar el tiempo. Su respuesta, sin confrontación, mantiene abierto el canal de comunicación. Este gesto ilustra lo que Fisher y Ury llaman “flexibilidad adaptativa”: no presionar cuando la otra parte no está lista, pero dejar espacio para una futura cooperación.
La segunda escena, en una visita a un restaurante, Laia invita a Jean Reno a probar un plato nuevo. Él se niega. Lejos de insistir o juzgarlo, ella acepta su negativa y continúa la conversación sin tensión. En términos del modelo asociativo, esto es un “microacuerdo”: un reconocimiento mutuo de límites que preserva el vínculo. Estos pequeños consensos, aunque discretos, suman confianza y abren la puerta a interacciones más fluidas.
La tercera escena; en una de las secuencias más significativas, Laia reflexiona sobre lo esencial de la vida, sugiriendo que centrarse solo en lo racional puede dejar fuera lo verdaderamente importante. Jean Reno reacciona a la defensiva, pero ella no insiste; simplemente deja la idea flotando. Este recurso, que Bush y Folger denominan “empoderamiento relacional”, respeta el tiempo de la otra persona para procesar emociones e ideas. El efecto se nota después: en la boda de Laia, Jean Reno muestra una empatía inesperada, fruto de esa apertura silenciosa.
Las interacciones entre Jean Reno y Laia revelan tres aprendizajes centrales: 1) Aceptar las diferencias sin intentar homogeneizar o cambiar las posturas del otro 2) Crear experiencias compartidas sin coerción, donde nadie sienta que debe renunciar a su identidad, principios o valores. 3) Activar recursos emocionales y relacionales que actúan como catalizadores del cambio.
El desenlace no presenta una transformación radical ni una coincidencia total de perspectivas. Lo que queda es un reconocimiento mutuo, una base de confianza que amplía las posibilidades de colaboración futura.
Más allá de la pantalla, lo que convierte a Las pequeñas cosas en un material valioso para reflexionar sobre mediación y negociación es que recuerda algo esencial: la resolución de conflictos y la construcción de relaciones no dependen únicamente de la lógica o de los argumentos más sólidos. Dependen, sobre todo, de cómo logramos que la otra persona se sienta escuchada, respetada y acompañada.
En un mundo donde las conversaciones suelen convertirse en campos de batalla, el cortometraje propone un enfoque distinto: la paciencia, la validación y los pequeños gestos como estrategia de cambio. A veces, la clave no está en ganar la discusión, sino en mantener abierto el diálogo.
En definitiva, la interacción entre Jean Reno y Laia sugiere que, cuando se prioriza el vínculo por encima de la imposición, es posible establecer puentes entre posiciones contrapuestas. Esos puentes, aun cuando se construyan mediante acciones pequeñas y reiteradas, pueden contribuir a transformaciones profundas y duraderas en actitudes y conductas; por ejemplo, a una reducción de respuestas agresivas y a un incremento de comportamientos prosociales y de empatía interpersonal.
Por Alcedo Magarín
El autor es fundador del Instituto de Formación Gerencia y Liderazgo Americano (IFGLA), procurador fiscal del Distrito Nacional y Especialista en Negociación y Mediación; para comunicación escriba a: fegla1@gmail.com Móvil @ 829-877-3195.